Peripecias de Anacleto

Adolfo Barberá

En el catálogo Secreto
Escribo bajo la admonición de Pierre Reverdy: No hay imágenes en la naturaleza. La imagen es lo propio del hombre. Esa es quizás la raíz de todos los secretos.  Desde hace un tiempo, Paco de la Torre persigue el secreto total, el que escapa al Movimiento de Captación. Sé que esto suena ingenuo y pueril. Muros que perdieron su revoque insinúan -parleros- su nueva existencia… Ese trabajo de la obra y del tiempo (de la obra en el tiempo, como un corte) escapa a la Captación. Ese es el secreto. Mi secreto: Cuando tenía 6 años le susurré un secreto a mi compañero de banco en el refectorio del colegio (una Escuela Normal): «Cuando sea mayor, quiero ser policía secreta.» (Me dejé llevar por el género de las palabras en el momento de buscar la concordancia del adjetivo.) Muchos años después, hoy, en este preciso instante, ese secreto acaba de pasar al dominio público de manera irreversible. Es un secreto revelado. Ya no es secreto. Ni soy un policía secreto. Otro secreto: Cuando tenía 16 años estaba convencido -y deseo añadir: jubilosamente convencido- de que el mundo estaba dirigido (en secreto) por un pequeño grupo de hombres (los conjurados) sin escrúpulos y con una capacidad de domino y tiranía extraordinaria. Ese secreto se lo conté a un amigo una noche de verano, sentados en un banco al pie de un pinar. El suelo estaba tapizado de pinocha y una nube de insectos bullía en la luz amarillenta de una farola. Nadie supo de esa revelación. Hasta el día de hoy. Otro secreto: Mucho tiempo después, casi a la edad de 36 años, descubrí de repente que el secreto estaba desparramado. La imagen que me viene en auxilio es la de un frasco abierto sin remedio, una caja de Pandora o una lámpara de Aladino o un frasco con una sustancia inestable, etérea, volátil que una vez *suelta*, ya no vuelve al recipiente. No hay marcha atrás. Me caí del caballo. Me desperté de mi sueño metafísico. Me convertí: quiero decir, me volví hacia el mundo, que me aguardaba, entero. A partir de ese momento, el secreto dejó de tener secretos. Se volvió transparente como un cuadro de Paco de la Torre o como un poema de Pierre Reverdy, el poeta de Bracque, Matisse, Gris, Derain, Picasso, Modigliani, Chagall. Ese día comprendí que por un lado estaban los dispositivos de captación, de registro, de anotación; por otro, el punto ciego del dispositivo, el otro (inmenso) mundo de su límite, su perdición. Esta tercera forma del secreto, el secreto desparramado, es más difícil de contar. A veces me pregunto si es posible contarlo, o *soltarlos*, como dijera la dama magenta. ¿Lo habré contado? En la época del tratamiento automatizado de los datos personales (en la época de la toma de conciencia de la necesidad de proteger la privacidad de esos datos como garantía frente a la tiranía) *extensión* del domino del secreto sobrepasa en importancia o fuerza a la aceleración en la recogida de datos por parte de dispositivo de Captación. No sobre otra cosa nos está interpelando Paco de la Torre, maestro y amigo en imágenes (y amigo de ellas). Y lo hace usuando su arma más temible: la metáfora, que el pintor siempre pone ante nosotros con un gesto equívoco lleno de astucia imaginera, cuarándose en salud: «Metáfora de Nada», título seminal de una exposición (1997) que marca un antes y un después en su trayectoria. Metáfora de nada: porque Paco de la Torre toca cierto límite asaz doloroso; porque es consciente de la imposibilidad, y elige darle a esa imposibilidad un cuerpo, una imagen, una habitabilidad «humanas» (¡la arquitectura y los arquitectos, desde Langle hasta Mies!) para reducir la terrible inhumanidad de el secreto total. En *Secreto*, ese límite, doloroso a veces, toma la forma del equilibrio. El equilibrio dibuja en filigrana el contorno brumoso del secreto. Y ahí, la imagen, como sucede en los trabajos más genuinos de Paco de la Torre, es reina. No significa. No remite a nada. No promete nada. No apunta hacia nada. La imagen, libre de ataduras, se propone simultaneamente como punto de partida y punto de llegada. «Uno se realiza en el secreto» – escribe Guy Vaes, uno de los grandes maestros del secreto, secretamente ignorado en el ámbito de la literatura hispánica. Uno se pregunta si estamos todavía en el secreto mesiánico. Porque la Captación es *profiling*, de una matriz, de una *jora* que produce un mundo al que pretende suplantar, uno se pregunta a veces si esa sustitución no habrá sucedido ya. Hoy todavía pensamos que podemos distinguir *ese* mundo del *mundo*. ¿Por cuanto tiempo?
Catálogo Secreto.

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EXPOSICIÓN