Paco de la Torre

José Antonio Garzón

En el catálogo Objetos e imágenes de otros mundos
ISBN: 84-370-2099-9
Qué difícil me resulta escribir sobre Paco de la Torre, un artista, pues yo -como diría el poeta León Felipe- no sé muchas cosas, es verdad, acerca del arte pictórico. Así que diré tan sólo lo que he visto… y he visto de nuevo mis sueños.
¿Ha adulterado mis ensoñaciones? No. Únicamente ha desarraigado de una forma intuitiva, como de paso, aspectos de la propia realidad que yo había introducido.
De la Torre es. en este caso, un destilador de sueños. Como un artesano almazarero que separa con sus propias manos el aceite del agua, destierra de la región de los sueños todo lo espúreo, y presenta la más indescifrable de las realidades: los sueños en estado puro.
De la Torre ha encontrado en cada denominación, casi sin pretenderlo, el archisenema de cada sueño. Superando la poca importancia que muchos artistas conceden a los títulos de sus obras, ha extraído lo común, lo autentica. Ha ensamblado el significado y el significante. Precisamente en ese acierto, al concederle su justa importancia, de una forma intuitiva, el artista ha ahondado en la obra misma. Un sueño no es sino un interior visto desde un exterior. De la Torre, en su proceso de creación, nos ha mostrado un interior visto desde otro interior. En el primer caso, «La isla de los bienaventurados o la muerte griega», de la Torre ha encontrado que en el mayor de los misterios se esconde la ausencia de misterios: la verdad. En esta obra, que no desmenuzo apenas, la verdad ha sido alambicada.
En «La verdad duerme en un hotel inglés», integrada en realidad en una trilogía auspiciada ya por «Salinas» (1994], es necesario recurrir un poco a la explicitación. Un día tuve el más atroz -por lo sencillo- de los sueños: en él sólo existía un montón de sal y otro de azúcar. Nada mas. Era aterrador porque bajo la mascarada de los 2 continentes idénticos coexistían los contenidos encontrados, opuestos. Pensé que esta situación informaba muchas situaciones de la propia vida. Por todo ello de la Torre, en «La verdad…». la recorrido justo el itinerario de vuelta; atrapando, captando la ausencia total de misterio, ha descrito, hermeneúticamente, el peor de los misterios: la extinción le la verdad.
De la Torre es mucho más sencillo que toda descripción que de él pueda hacerse. Tal vez porque es infinitamente compleja. Para deshacer esta aporía los ajedrecistas tenemos el fácil recurso de evocar a Capablanca.
En ese sentido, de la Torre es Capablanca. Alguien que se devanea en la difícil e ineluctable belleza de la sencillez. Por ello yo lo explico de una forma rebuscada, con subterfugios, aprendiendo lo que en realidad sólo es dable aprehenderse.
Objetos e imágenes de otros mundos. Catálogo

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